Paul Cézanne

Paul Cézanne
© Photo RMN - RenŽ-Gabriel OjŽda © RMN-Grand Palais (Musée d’Orsay) / René-Gabriel Ojéda
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Paul Cézanne se matriculó en la escuela municipal de arte de la ciudad mientras estudiaba Derecho en su Aix-en-Provence natal. En 1862, abandonó su carrera jurídica y se reunió en París con su amigo Émile Zola. El artista copió pinturas antiguas en el Museo del Louvre y contemporáneas en el Museo de Luxemburgo, donde descubrió el arte de Eugène Delacroix. En 1872 se instaló en Auvers-sur-Oise, donde pintó con Camille Pissarro y participó en la exposición fundacional del grupo impresionista en París en 1874.
Cézanne vivía entre París y la Provenza. Abandonó el impresionismo pero se mantuvo fiel al trabajo al aire libre y a las sombras en color. Alrededor de 1890-1895, su pintura experimentó un cambio radical de estilo y ejecución, perfilando con fuerza los contornos de los objetos y esbozando únicamente los modelados.
En 1895, su primera exposición con el marchante de arte Ambroise Vollard lo dio a conocer al público. Los jóvenes pintores lo veneraban como el precursor de la pintura moderna, por su sentido del volumen y la importancia que concedía a la estructura geométrica. Picasso diría que era «el padre de todos nosotros». Su obra consistía principalmente en naturalezas muertas y paisajes de Provenza. También dejó retratos y representaciones de mujeres bañándose.
En la década de 1920, Paul Guillaume adquirió varias obras destacadas de Cézanne como Madame Cézanne au jardin (Madame Cezanne en el jardín) (1885-1895), Portrait de Madame Cézanne (Retrato de Madame Cézanne) (1885-1895) y Portrait du fils de l’artiste (Retrato del hijo del artista) (alrededor de 1880). Domenica Walter-Guillaume, su viuda, compró otros cuadros de Cézanne que hoy en día se conservan en el Museo de la Orangerie, en particular, paisajes como Le Rocher rouge (La roca roja) (alrededor de 1895) o Le Paysage au toit rouge (Paisaje con tejado rojo) o Le Pin à l’Estaque (El pino de Estaque) (1875-1876). De este modo, esta mujer dejó su impronta en la colección, sin por ello apartarse del ambicioso rumbo marcado por Paul Guillaume, de modo que, en la actualidad, la Orangerie reúne algunas de las obras más importantes del maestro de Aix.

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